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El mal hábito de procrastinar y cómo no practicarlo

La Revista SEMANA define procrastinar como la acción posponer o aplazar una tarea, una responsabilidad y/o un deber. Una forma de evadir, usando otras actividades como refugio, para no enfrentar una responsabilidad.

Según el psicólogo Timothy Pychyl, de la Universidad de Carleton, en Ottawa, es un mecanismo para lidiar con las emociones que produce una determinada tarea “que les genera aversión porque es frustrante, difícil, produce rabia, miedo o parece aburrida”.

Se estima que entre el 20 y el 30 por ciento de las mujeres y los hombres son procrastinadores crónicos. Estos índices son válidos en países como España, Perú Venezuela y Colombia.

Por otra parte, estas personas evitan los sentimientos al evadir las tareas, y suelen tomarse este asunto de la procrastinación como si no fuera algo importante, sin embargo, es algo más serio y en materia de salud las consecuencias pueden ser nefastas como lo indica Joseph Ferrari, psicólogo de la Universidad DePaul, en Chicago.

Procrastinar produce estrés, una condición que compromete el sistema inmune y está relacionada directamente con la mala salud. Pero indirectamente, el hábito de postergar implica menos comportamientos sanos y tratamientos a tiempo; las personas suelen decir que irán a hacerse un chequeo más adelante y cuando por fin cumplen la cita, ya puede ser muy tarde, como lo señala el psicólogo Pychyl,

Por lo anterior, científicos creen que la solución no consiste en hacerles cronogramas, ni charlas sobre el manejo de tiempo, sino en buscar otras estrategias como, analizar las emociones que genera realizar la tarea propuesta, afirma Ana María Cardona, directora de la especialización en Psicología Educativa de la Universidad de la Sabana

También, recomienda dividir el trabajo en pequeñas fases para que la persona no se sienta abrumada y esto implicaría, trabajar por periodos de veinticinco minutos y tomar un descanso de cinco, hasta completar la meta.

Para otros expertos, otras de las estrategias que se podrían practicar para dejar de procrastinar, son: plantear pequeñas metas de acuerdo con el principio del progreso, fijar fechas de entrega promedio, volverlo un proceso divertido, aprender a decir no, revisar regularmente los objetivos, utilizar herramientas que le gusten, entre otras.

Pero si se trata de un procrastinador crónico, lo ideal es que acuda a terapia, para entender mejor las emociones de aversión y el mecanismo de lidiarlas por medio del aplazamiento.

 

Imagen tomada de freepik 

Maria Alejandra Soto Hernández

Dirección de Comunicaciones

Rectoría Antioquia-Chocó