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El amor en tiempos de pandemia

El título que encabeza este artículo de inmediato puede llevar a la mente a pensar en la famosa obra literaria “El amor en tiempos de cólera” de nuestro ilustrísimo Gabriel García Márquez, obra publicada en 1985 tres años después de haber recibido el premio nobel de literatura. En esta obra literaria se desarrolla el amor hedónico entre humanos que siendo de origen divino no deja de ser una realidad compleja e intricada para quienes se sumergen por los exquisitos aromas de este sentimiento.

“El amor en tiempos de pandemia” es una idea que nos invita a poner nuestra mirada en aquella experiencia del hijo de Dios cuanto entró y peregrinó de la tierra. Se trata de dos momentos estremecedores del amor de Dios. Por un lado, el anonadamiento del eterno a lo temporal de allí la expresión bíblica “Tanto amo Dios al mundo que envió a su único Hijo” (Jn 3,16). Por otra parte, la radicalidad de amar poniendo como máximo signo de dicha convicción la entrega de la vida lo que concuerda con el pasaje bíblico “No hay amor más grande que aquel que da la vida por sus amigos” (Jn 15, 13-14). Dos frentes que hacen honor a una realidad tan misteriosa y sublime que tiene sentido en la forma como vivió el Maestro de Nazareth.

Cuando somos interpelados por este tipo de experiencia de amar entonces debemos recordar que esta fuerza espiritual que yace en nosotros como fuente viva es la participación más alta de la imagen y semejanza de Dios. Se trata de un excelso recurso divino que nos impulsa a imitar al Emmanuel o “Dios con nosotros” en cuanto a la reciprocidad y el sacrificio expiatorio como valores primordiales para la restitución de toda persona o comunidad.

Les hablo de un amor que va más allá del “amor en tiempo de cólera” se trata de aquel que establece la verdadera paz porque no se apoya solo en sentimientos, sino que alimenta a la persona en todas sus dimensiones. Este amor expresado y manifestado por el Hijo de Dios y que en diciembre estaremos celebrando en la liturgia cristiana católica es el remedio perfecto para afrontar la pandemia.

Volver al amor de Dios es abrir el corazón para dejarme sorprender cada mañana por la maravillosa experiencia de que estoy vivo. Es reconocer en los gestos y palabras de mi familia la extraordinaria oportunidad de poder ser parte de un núcleo familiar que con virtudes y defectos nos mantenemos unidos para atravesar las cañadas oscuras.

Volver al amor de Dios es contemplar el universo con un corazón sensato para discernir qué hago parte de un proyecto increíblemente prefecto y en el cual tuve la dicha de existir para aprender y desaprender de lo cotidiano.

Volver al amor de Dios es mirar el rostro del próximo y tener la capacidad de comprender que allí hay una historia de alegría y dolor que se debe respetar y que hay un volcán inmenso deseoso de estallar en progreso, sueños y anhelos.

Volver al amor de Dios es desgastarnos sirviendo a los demás como el carpintero de Nazareth aun cuando la realidad pueda tender al pesimismo y existan los enemigos que se opongan a esta actitud cristiana.

Toda persona que pertenece a la familia UNIMINUTO en la categoría de administrativo, docente, estudiante, graduado o aliados externos deben volver a mirar el AMOR DE DIOS en clave de FAMILIA y ESPERANZA. Estas dos últimas realidades amparadas en el amor pueden dar la garantía de que cualquier adversidad es superada porque la casa está construida sobre la roca y no sobre arena.

Que el tiempo de ADVIENTO y el tiempo de NAVIDAD que se van acercando se conviertan es un momento de nuestra vida para reflejar el amor de Dios a través del servicio a nuestras familias, pero también a todo samaritano que al borde del camino necesite de nuestra solidaridad.

Bendiciones

Padre Oscar Orjuela Perea.

Capellán Vicerrectoría Tolima y Magdalena Medio


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