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COVID- 19: Una mirada desde san Juan Eudes en clave de esperanza

En el año 2020 nuestro mundo ha sido afectado por la Pandemia del Covid -19, que trae consigo ansiedad, zozobra, vulnerabilidad, fragilidad, pesimismo, fatalismo, desesperación, inseguridad, desconfianza. La pandemia es la expresión aumentada de que estamos en la sociedad del miedo, porque se achica las esperanzas de una vida bienaventurada que nos permite a aferrarnos a instantes y destellos de felicidad. El miedo es síntoma de una situación social de incertidumbre que desestabiliza la confianza y la esperanza. En la actualidad estamos conviviendo en una sociedad desencantada, del miedo, de la incertidumbre.

 Al respecto afirma Espinosa: “Cuanto más nos esforzamos en vivir según la guía de la razón, tanto más nos esforzamos en no depender de la esperanza, librarnos del miedo, tener el mayor imperio posible sobre la fortuna y dirigir nuestras acciones conforme al seguro consejo de la razón” (Ética, p. 47, esc.). Este autor es contundente y radical en su posición sobre el saber que otorga libertad, pero también poder, lo cual hace innecesaria la esperanza. Sin embargo, Espinosa también asevera “…si de esos afectos se suprime la duda, de la esperanza resulta la seguridad y del miedo la desesperación”. (Ética, III, prop. 18, esc. 2, también en III, def. 12 de los afectos). En efecto, para Espinoza las únicas dos categorías que existen son el miedo y la esperanza. Nietzsche es más extremista cuando plantea que la esperanza es el peor de los males porque prolonga el tormento de los hombres. Séneca Pensaba que: “El mayor obstáculo de la vida es la espera”. En dirección más conciliadora Descartes se refiere a la esperanza, en las pasiones del alma, Artículo 58: “Cuando la esperanza es extrema cambia de naturaleza y se llama seguridad o confianza. Como, al contrario, el extremo temor deviene desesperación”. Aristóteles por su parte tiene una concepción singular sobre la relación del miedo con la esperanza que se podrá sintetizar diciendo donde hay miedo hay esperanza y donde hay esperanza será porque hay miedo.

 La presente reflexión gira en torno a la esperanza que no es necesariamente un interrogante religioso sino esencialmente filosófico. En esta línea Kant consideraba que la filosofía de responder tres preguntas ¿qué puedo conocer?, ¿qué debo hacer? Y ¿qué puedo esperar? Es a este tercer interrogante en que se quiere profundizar ofreciendo un aporte sobre COVID- 19: una mirada desde san Juan Eudes en clave de esperanza, sin mayores pretensiones filosóficas ni teológicas sino más bien, en orden a la experiencia y al testimonio de alguien que como San Juan Eudes supo esperar contra toda esperanza.

Antes de entrar en materia vale la pena plantear el siguiente interrogante ¿qué pasa cuando el miedo supera la esperanza?   Lo que surge es la desesperación, el pesimismo, la angustia, ver que cae del  cielo, cuando el miedo supera la esperanza llega la fatalidad, el miedo mata totalmente la esperanza, el miedo paraliza, lleva a la inercia existencial Cuando la esperanza supera el miedo todo cambia. El miedo conduce a la sumisión y por eso se puede organizar una política del miedo, el miedo nos hace dóciles, nos lleva a encerrarnos a ser conducidos casi como borregos, nos hacemos más manipulables ante el mundo.

Focalizando el tema central que convoca es interesante abordarlo desde el carisma fundacional de UNIMINUTO fijando la mirada en San Juan Eudes, fundador de la Congregación de Jesús y María (padres Eudistas), quien afrontó la peste que azotó el norte de Francia en 1627 y 1630 y arriesgó su vida al servicio de los más necesitados viviendo con ellos en grandes túneles que se encontraban en las praderas, donde pudo ayudar a curarlos, consolarlos y acompañarlos en el buen morir.

A solo dos años de su ordenación sacerdotal, San Juan Eudes, de manera heroica decidió valientemente acompañar presencial y espiritualmente a Francia en esa gran desolación a causa de la peste que azotó las parroquias de San Cristóbal, San Pedro de Vrigny, de Avoines y otras vecinas. San Juan Eudes conocía el propósito de Dios en su existencia y pasó de la oración a la acción, haciendo vida lo que dice la carta de Santiago 2,18 “Muéstrame tu fe sin obras y  yo te mostrare mi fe con mis obras”.

En su obra Memoriale Beneficiorum, San Juan Eudes da a conocer una situación semejante a la que estamos viviendo hoy con el Covid-19: una peste que estaba azotando a Normandía (noroeste de Francia). En aquel tiempo, ¿qué hizo San Juan Eudes?: restablecido de su enfermedad, el joven sacerdote Eudes solicita a su superior, el Padre de Bérulle, el permiso de ir a cuidar a los enfermos atacados por la peste,

 “abandonados de todo socorro espiritual (…)  Me concedió el permiso y me fui a vivir donde un buen cura de la parroquia de San Cristóbal. Celebrábamos cada día la Misa, luego, ponía yo unas hostias consagradas en una cajita de hojalata que se encuentra en el fondo de mi baúl e íbamos enseguida a buscar a los enfermos, los confesábamos y les dábamos el santísimo Sacramento. Así hicimos desde fines de agosto hasta la fiesta de Todos los Santos. La peste cesó y Dios nos preservó” (MemorialeOCX11, 107-108)

Con voz profética  y esperanzadora a  toda la familia UNIMINUTO, a todos los fieles y a la humanidad, hay que hacer llegar esta intuición y confianza de San Juan Eudes: “La peste cesó y Dios nos preservó”

Pero ¿Qué más hizo San Juan Eudes para servir en tiempo de peste? El padre Gaspar de Répichon, sacerdote superior del Oratorio de Caen, fue atacado por la peste. Así lo relata san Juan Eudes en su obra Memoriale Beneficiorum “Dios me concedió la gracia de asistirlo en su enfermedad, administrarle los sacramentos y acompañarlo en su agonía y muerte” (MBD, 18).  Cuenta, además, que después de este cuidado, tuvo que atender a dos más: uno se alentó y el otro murió, pero Dios lo preservó de todo mal.

La pregunta que ahora podemos hacernos es ¿Qué hubiera hecho San Juan Eudes en este tiempo de Pandemia?, ¿qué haría Jesús en esta situación de Pandemia? Frente a este interrogante responde con sabiduría el Papa Francisco quien ha afirmado que todos estamos subidos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente.

Pero surge la pregunta que interpela de manera concreta ¿Usted como directivo, administrativo, docente o estudiante de UNIMINUTO, como fiel cristiano o católico o como persona conducida por la solidaridad y la esperanza cómo ha servido en este tiempo de pandemia del Covid- 19? o más aún ¿su esperanza en quién está puesta en estos tiempos difíciles de pandemia?

 

Ante cualquier respuesta se recomiendan las siguientes: 

  • Primero, no centrar con temor la mirada en el Covid-19 sino centrar la atención y la mirada de fe y de esperanza en que Cristo que así como calmó la tempestad también con su sangre preciosa aniquilará al Covid-19, con la confianza de Pedro: “descargamos en ti nuestro agobio, porque tú nos cuidas” (1 P 5,7)
  • En segundo lugar, El Papa Francisco prácticamente en su encíclica el cuidado de casa común expresa que cuidando la casa común sembramos la esperanza.
  • En tercer lugar se enfatiza que la esperanza es la búsqueda de un bien que todavía es esquivo y por eso la misión es ayudar a nacer lo que no ha nacido, solo quien gesta lo posible puede esperar lo imposible. No puede haber un creyente sin esperanza, debemos contribuir a la regeneración de la esperanza, ser dispensadores de esperanza, este mundo no se ha acabado, el mundo sigue en marcha y es posible luchar por un mundo mejor y para tal efecto nos corresponde esperar contra toda esperanza. El reto es convertirnos en una central dispensadora de esperanza, Es necesario encontrar motivos para seguir esperando.
  • En cuarto lugar, la clave se encuentra en ser testigos audaces de la esperanza con apertura a la trascendencia. Si se disminuye la esperanza aumenta el apego por las cosas e inversamente si crece mi esperanza se disminuye el apego por lo material.
  • En quinto lugar, se trata de fijar desde la espiritualidad eudista nuestra mirada en San Juan Eudes y en aquellas palabras que para nuestro momento actual son proféticas y están cargadas de esperanza cuando dice “La peste cesó y Dios nos preservó”

 

Pbro. Salomón Marín Serna

Capellán Centro Regional Chinchiná

Vicerrectoría Regional eje Cafetero