Editorial

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El Corazón de Jesús

La presentación eudesiana del Corazón de Jesucristo hace surgir algunos interrogantes: ¿la expresión "Corazón de Jesús" es un equivalente, un intento de respuesta de ''persona de Jesús"? ¿Se trata solamente de un simbolismo?

Podemos comenzar haciendo una observación que consideramos necesaria, respecto al empleo del sistema tripartito que aparece en las explicaciones que el autor da sobre el corazón. Se trata, en efecto, de un recurso muy frecuentado por san Juan Eudes, seguramente bajo el influjo de patrones bíblicos o patrísticos, ajeno a una finalidad de carácter cuantitativo, posiblemente con una intencionalidad simbólica (el número tres indica perfección). En efecto, si se trata de dos naturalezas en Jesucristo ¿no sería más acertado hablar de dos corazones que no son sino uno? De hecho, esta posibilidad parecería insinuarse a través del uso de una expresión de origen berulliano que subraya la unidad de lo humano y lo divino:

"En cuanto Dios, tiene un mismo corazón con el Padre y con el Espíritu Santo; en cuanto hombre, su corazón humanamente divino y divinamente humano es uno con el corazón del Padre y del Espíritu Santo por unidad de espíritu, de amor y de voluntad"[1].

En un análisis de la exposición de la teoría de los tres corazones se puede observar que tanto el corazón material como el corazón espiritual (que es una parte del alma de Jesús, según el autor) hacen parte de la naturaleza humana y, por tanto, bien podrían ser llamados 'corazón humano'' de Jesús. De esta manera se podría llegar a hablar de dos corazones: uno humano (material y espiritual) y otro divino, pero el autor prefiere conservar el esquema tripartito.

Hecha la anterior observación, pasamos a ver qué relación existe entre el concepto corazón y el concepto persona de Jesús, según el texto eudesiano. El cuestionamiento surge a partir de la doctrina del corazón (en su forma trifacética) puesto que contiene elementos antropológicos y teológicos que podrían llevar a plantear la posibilidad de expresar o representar la persona en forma metafórica. En efecto, respecto a los elementos antropológicos, el concepto contiene significados entre los que están incluidos el pensamiento y los sentimientos, la inteligencia, la memoria, la voluntad y, consecuentemente, la capacidad de decidir y la conciencia. Por otra parte, el corazón divino del Hijo de Dios, que forma una unidad con el corazón de carne y el corazón espiritual, lleva a plantear la posibilidad de que el Corazón de Cristo presente una equivalencia básica con el concepto de persona. Sin embargo, es preciso observar mucha cautela en este campo y examinar atentamente la cuestión. Con este propósito presentamos la siguiente referencia:

"El corazón adorable de nuestro Salvador es el principio de la vida del Hombre-Dios; por consiguiente es el principio de todos los pensamientos y afectos que el Hijo de Dios tuvo en este mundo para nuestra salvación, de todas las acciones que hizo, de todos los sufrimientos que tuvo y del amor comprensivo con el cual hizo y sufrió todas estas cosas"[2].

Si bien es cierto que en esta referencia a primera vista se pueden captar elementos suficientes para individuar una persona, tales como el pensamiento y los afectos,         dentro del contexto en el cual se usa el concepto, encontramos otros elementos que son contrastantes. En efecto, la referencia afirma que el Corazón de Jesucristo es principio de su vida. Por otra parte, encontramos también una afirmación análoga con relación a María, según la cual, el Corazón de Jesús aparece como "principio de la vida de la Madre de Dios"[3], es decir, principio de la vida de otra persona, por consiguiente hay aquí un elemento que impide la identificación de corazón con persona. En el mismo texto continúa el ''principio de modo que dicha autor afirmando que el Corazón de Jesús es todos los pensamientos y afectos" de María, identificación no resulta exacta. Por otra parte, existe un argumento que refuerza lo que acabamos de afirmar el cual consiste en el simple hecho de que el corazón es una parte de la persona, no la persona en totalidad. De esta manera, el corazón carnal es una parte de la corporalidad de Cristo, el corazón espiritual es una parte" de su alma ("la parte superior"). Respecto al corazón divino podemos decir que éste es una expresión del amor del Padre y del Hijo que espiran al Espíritu Santo[4], y por lo tanto no sería identificable en sentido estricto con la segunda persona de la santísima Trinidad. Con todo, es necesario tener en cuenta que ellenguaje literario permite el uso de la metonimia y en este sentido el término corazón es susceptible de ser usado en vez de persona (tomando la parte por el todo) aunque en este caso se mantendría dicho significado dentro de los 1imites propios dellenguaje metafórico.

En síntesis, se trata de concepto rico en contenido y que encierra muchos elementos. En efecto, el Corazón de Jesús está expresando la interioridad de Jesucristo, los sentimientos y actitudes profundas respecto a Dios y respecto al hombre. En este sentido es un concepto que simboliza su amor al Padre y a la humanidad, y expresa al mismo tiempo el principio de unión amorosa de las tres Personas de la Trinidad y de unión entre los hombres. Es una expresión del amor de Jesucristo que se actúa en dos dimensiones: hacia el Padre como glorificación y hacia el hombre como salvación. Finalmente expresa un dinamismo cristocéntrico pues en el Corazón de Jesucristo, así entendido, se une toda la Iglesia y, en último término, la creación.

 

P. Álvaro Duarte, CJM

Director Unidad de Espiritualidad Eudista


1. "en tant que Dieu, n'a qu'un meme coeur avec le Père et le Saint-Esprit; et en tant qu'homme, son Coeur humainement divin et divinement huma in n'est qu'un aussi avec le coeur du Père et du Saint-Esprit, par unité d'esprit, d'amour et de volonté". O.C. VI II 263. Subrayado nuestro, la expresión de origen berulliana a la cual nos referimos es "humanamente divino y divinamente humano".

2. ''Le coeur adorable de notre Sauveur est le principe de la vie de l'Homme-Dieu; par conséquent c'est le principe de toutes les pensées et affections que le Fils de Dieu a eues en ce monde pour notre salut, de toutes les paroles qu'il a dites, de toutes les actions qu'il a faites, de toutes les souffrances qu'il a portées. de l'amour incompréhensible avec lequel il a fait et souffert toues toutes ces choses". O.C. VI II 342.

3. O.C. VIII 343.

4. "Son Coeur divin [...] qui n'est qu'un Coeur et qu'un amour avec le Coeur et 1'amour de son Père, et qui, avec le Coeur et l'amour de son Père, est le principe du Saint­Esprit". O.C. VI II 344.